Hoy es mi cumpleaños. Un día que se supone debe ser especial, lleno de buenos deseos y muestras de cariño por parte de las personas que me rodean. Sin embargo, una vez más, este día ha pasado desapercibido. Nadie se ha acordado, nadie ha dicho una palabra, ni siquiera un simple “feliz cumpleaños”.
Es curioso cómo una fecha que para mí tiene tanto significado puede ser completamente insignificante para otros. Me pregunto si soy demasiado sensible o si realmente me estoy volviendo invisible para quienes considero importantes en mi vida.

No es tanto por los regalos o las fiestas, sino por el simple gesto, la idea de que alguien se tome un momento para pensar en mí. Tal vez no debería esperar tanto de los demás, pero no puedo evitar sentir una punzada de tristeza.
A pesar de todo, intento no dejar que esto me afecte demasiado. Aprendo a valorarme y a celebrar mi vida, aunque sea solo conmigo mismo. Hoy me regalaré un momento de paz, algo que me haga feliz, porque si no soy yo quien lo haga, ¿entonces quién lo hará?